El Justo Juez de la noche





El Justo Juez de la noche.

(Texto e ilustraciones tomados de “Lenguaje 3° grado”, Colección cipotes)

Hace muchos años los brujos habían invadido los pueblos de Cuzcatlán; ellos se disfrazaban de animales para robar los granos, la frutas y todo lo que encontraban a su paso.

Angustiados los indios de Sensuntepetl, pidieron a sus dioses que los ayudaran a solucionar su problema.

Una noche apareció en el pueblo un hombre alto, de apariencia fuerte, que se paseo por todo el pueblo.

En adelante volvió a aparecer en las noches caminando por las calles de todo el lugar, hasta que llegaba el amanecer.

Los brujos estaban espantados por la presencia de aquel hombre y ya no pudieron continuar con los robos.

Agradecidos por el gran favor recibido, los vecinos se reunieron para celebrar con grandes fiestas en honor a sus dioses, pues ya los brujos no molestaban a nadie.

Por muchos Sensuntepetl y sus alrededores permanecieron tranquilos yfelices.

Pero una noche de marzo, el Justo Juez de la noche, porque así se llama el personaje de nuestra historia, tuvo que irse para otro pueblo a realizar otro trabajo que los dioses le habían confiado.

Desde ese día, las gentes de aquel pueblo siguen esperando al Justo Juez de la noche, que tuvo que partir a llevar paz y seguridad a otros lugares.

Por eso, cuando va por todos los pueblos, las noches estrelladas lo saludan y la Luna se inclina a mirarlo y le sonríe. Ella sabe que él sólo está allí para hacer el bien.

Adolfo de J. Marquéz (Salvadoreño)
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Otros relatos cuentan que en las noches plenas de luna y luceros, una sombra alta y delgada se paseaba por la parroquia hasta el pesquero. Varios trasnochadores se habían topado con la visión.
Lo describen como un hombre alto como los árboles de pepeto de “El Amatillo”, parecía hecho de nube vaporosa, las personas que tuvieron ocasión de una contemplación, sintieron una sensación de confianza y bienestar.
Aquel personaje blanco y sútil como la niebla se pasea por las calles abrazado por la brisa y la luz de los ojos de la luna.
Las mujeres abrían sus ventanas para ver pasar aquella sombra blanca, para ver pasar al gigante de los hermosos ojos.
La luz de la luna jugaba con su cabellera y la tornaba de color plata, era un gigante de luz.
Sus paseos terminaban cuando la aurora se asomaba, al mirarlo sobre las faldas del “Cerro de Cutuco”, el gigante de nieve pasaba por “El Calvario” y salía por “La Ceiba” y se perdía por el otro lado del Cerro Moidán.
El personaje pavoroso tenía la virtud de ahuyentar a los hechizeros malignos, todos los naturales quieren y admiran al personaje nocturno.
Algunos niños han intentado tocarlo pero sólo ha quedado en sus manecitas un pasajero vapor plateado.

Los ancianos han expresado:”La justicia está al fin con nosotros”.



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