La Puerta del Diablo



Leyenda de la Puerta del Diablo
Esperanza Rodríguez Silva
(salvadoreña)


(Tomado de Lenguaje 4º, Colección Samaria)

(En el fondo de esta leyenda vibra un ardiente espíritu español, unido a la fantasía indígena)

La Puerta del Diablo se alza entre el Cerro “El Cholul o Diablo” separado del pueblito indígena de Panchimalco por una hondonada y como a diez kilometros de San Salvador. Están los Planes de Renderos relacionados intimimamente con esta leyenda.

Cuentan las consejas que por el año 1822 ya la iglesia de Panchimalco estaba construida y dirigida por un reverendisímo señor cura llamado Francisco, oriundo de Valladolid, muy emprendedor y de la Orden de San Francsico de Asís.

Dos años más tarde llegó de Valencia a El Salvador Don Rosendo Renderos con su hija María de la Paz, muchos criados y mucho dinero para comprar tierras en este país.

El valenciano era viudo, pero tenía a María de la Paz, su hija, joven agraciada cuya inusitada belleza impresionó a los indígenas, quienes decían que tenía “los mesmos ojitos y la mesma carita que la vergencita de Panchimalco”.

Los Renderos tuvieron por morada un tiempo el mismo convento. Por fin encontró Don Rosendo, lo que tanto había buscado. Como a diez kilométros de San Salvador compró las planicies rodeadas de cerros, cerca del convento de Panchimalco. La intención del valenciano era sembrar naranjos con la abundante semilla que había traído de Valencia.

Criados y patrón pusieron manos a la obra preparando tierras para sembrar la codiciada semilla; fueron insuficientes los criados españoles y contrataron indígenas de Panchimalco, quienes con el trabajo confundían canos y costumbres tanto los unos como los otros. Llegó a tener mucha fama esa planicie que fue conocida como los Planes de Renderos.

Así pasaba el tiempo, y de tarde en tarde salía el Señor Cura a tomar el oloroso chocolate en compañía de Don Rosendo y su hija.

Los naranjos se cubrieron luego de perfumadas flores y muy pronto el codiciado fruto maduró, haciendo un contraste fantástico el esmeralda del follaje con el oro de los frutos.

Por todas partes se hacían preparativos para la festividad de la recolección de la naranja así como hacen con la uva en España.

Se preparaban festones, gallardetes de colores, el señor cura, hizo desde le púlpito un precioso panegirico referente a la festividad.

En la citada fecha comenzaron a salir de Panchimalco y sus vecindades, hileras de indígenas: las mujeres con sus trajes de múltiples colores y el pañuelo blanco sobre sus cabezas.

Don Rosendo y su hija lucían sus mejores galas: el con pantalón ceñido a la cintura faja roja de seda y cubriendo su cabeza con negro sombrero de anchas alas. Ella con su vestido de maja, su peinetón y su mantilla hacía la figurita de una auténtica española.


Habían subido ya con algunas dificultades los del guitarrón, el tun, el tepunaguaxtle, y los danzantes del Cujtaucujomet (cuyan cuyamet/baile del tunco de monte), con sus tradicionales quijadas de venado, pues la danza es la reminiscencia de sus más antiguas generaciones. Las canciones españolas y las dulzuras de Valencia, los sones de Madrid también hicieron el deleite de la concurrencia.

Llegó medianoche entre bebidas de chicha y chocolate, cuando al sonar de la primera campanada de las doce en la legendaria iglesia de Panchimalco, vieron camino arriba del cerro, hacer su inesperada a un misterioso personaje cuya cabalgadura era negra como la noche, lo mismo su vestido; de los cascos de la bestia salían llamaradas rojas, azules y verdinaranja.



El misterio se agitaba, el caballero desmonta su corcel y al tiempo que se oye la primera campanada de las doce de la noche, saluda a María de la Paz y desaparece como por encanto; dicen que un fuerte viento sacudió los naranjales y se sintió un penetrante olor a cacho quemado y a azufre. Corrió la voz de que el mismo diablo había bajado de su cerro para asistir a la fiesta de la recolección de las naranjas.

Después corría de boca en boca, que al caer la tarde y oscurecer la noche, comenzaba a rondar los planes de renderos el mismo demonio que bajaba el cerro el “Cholul” a platicar con la bella valenciana, hija del señor Rosendo.

Los rumores llegaron a oídos del señor cura quien ni presto ni perezoso llamó a Don Rosendo y sin decir nada a María de la Paz, salieron en procesión un día jueves.

En la mañana del viernes , los indígenas de Panchimalco platicaron con los criados españoles e idearon un plan: sembrarían un tronco grande de conacaste al pie de la ventana e idearon un plan: sembrarían un tronco grande de conacaste al pie de la ventana de la joven y preparon gruesas cadenas para amarrar con ellas al mismo demonio.

Efectivamente al sonar la primera campanada de las doce de la noche españoles e indios, se agazaparon junto a la ventana de María de la Paz para atrapar al misterioso caballero. El cura levantó la mano para rociar el agua bendita, pero el agua no le caló. El fatidíco y misterioso caballero montó su cabalgadura y arremetió en veloz carrera, con tan mala suerte, que fue a estrellarse contra una gran roca que se partió en dos, con el gran impacto, cayendo corcel y jinete al abismo, dejando una gran boquete en la roca.Cuentan que en esos momentos se produjo un gran cataclismo: los peñascos chocaron, los naranjos fueron sacudidos y tirados por los suelos los frutos, un torrencial temporal se desató, rodaron por la cuesta peñascos y pedruscos que inundaron el pueblecito de Panchimalco.


Cuando el sol brilló por el gran boquete abierto en la roca, pudo verse como único testigo de la gran tragedia salvada por los indígenas y españoles, el legendario campanario de la iglesia de Panchimalco.


También cuentan que todas las tardes por el caminito que va de los Planes de Renderos a Panchimalco caminaba orando la valenciana, llegaba al templo y al salir se sentaba debajo del campanario derramando abundantes lágrimas; las lágrimas rodaban por las cuestas y poco a poco la tierra las consumía y las iba juntando el fondo profundo de su entraña hasta formar un tumultuoso torrente, que en catarata se despeña detrás del cementerio de Panchimalco.


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