La Piedra



(Tomado de “Antología del cuento salvadoreño(1880-1955)”, Manuel Barba Salinas, “La Piedra” historia original del autor salvadoreño Francisco Herrera Velado)


Es creencia muy arraigada entre los indios de Izalco que las culebras llamadas zumbadoras poseen “La piedra”, un talismán que da suerte y valor.



Cuando alguien quiere ser afortunado e invencible ya sabe lo que hay que hacer: conseguir “la piedra”. Para apoderarse de ella, desafía a la zumbadora: que si esta resulta vencida en la lucha, inmediatamente vomitará el trofeo disputado a los pies del vencedor.

Es sabido cómo ataca la zumbadora. Agárrese con los dientes a cualquier raíz, y convertida así en látigo, embiste a colazos, tan rápidos y potentes, que zumban en el aire. De ahí le viene su nombre.



El indio que esta resuelto a poseer aquel talismán, busca el sitio donde se guarece la culebra. Cuando la ve entrar corre y tapa la madriguera con un tarugo. Tal es la provocación para el desafío. La zumbadora ya lo sabe. Pasados tres días, llega el rival, sin arma alguna, solamente provisto de un costal o de una manga chapina, a guisa de capa torera, para defenderse de los latigazos. Destapa el agujero y espera.


Ese es el momento terrible. Sale la culebra y veloz como el rayo se lanza contra el provocador. Si éste tiene sangre fría y valor, y logra con destreza escapar de los primeros choques, la culebra está perdida. No tarda en rendirse a causa de los golpes que ella misma se ha dado contra los árboles o contra el suelo. LLega el final. La zumbadora arrástrase humillada y vomita la piedra a los pies del que la ganó. Este la recoge métela en su bolsillo, y…”-¡Aquí está el indio más arrecho y más templado, hijos de la guayaba!”



Las siguamontas tienen talismanes también. La siguamonta es un pájaro nocturno que canta siempre en los caminos solitarios. Ahí van a buscarla los enamorados sin esperanza o aquellos que quieren convertirse en afortunados tenorios. Para conseguir ese talismán no hace falta valor si no paciencia.A la siguamonta hay que “miguelearla”. En efecto los indios la enamoran como si fuese una mujer:”-¡Ay chulita, yo doy la vida por vos! Asina como me vez aquí, lo mesmo estoy siempre: pensando y repensando en tu querer. Tópame vos también, por vida tuya. Decime que sí convenís…”


El indio busca las palabras más lirícas, las más persuasivas de su repertorio. Pero cuentan que la siguamonta se hace la desentendida, como si fuera sorda, y sigue cantando.”-Ve negra, ingrata, que me muero por vos”.



Y nada. Así pasan las noches varias semanas,”-Ve vos ricura, que mi corazón ya no aguanta más tu desprecio…”Nada. No quiere. Pasan, muchos meses,muchos.Tampoco.Parece que la siguamonta es honrada de veras. Pero, con paciencia se alcanza todo, al fin dice que sí enternecida por aquel constante migueleo. Deja de cantar y baja del árbol. Entonces el pretendiente está listo a tender inmediatamente en el suelo un “paño” nuevo. En ese pañuelo es donde la siguamonta vomita la piedra. Recógela el indio y…”-¡A ver quien es la orguyosa que agora me desprecia!”



Muchos animales hay también que poseen preciosos amuletos. Los venados tienen una piedra que acaso sean las mejores. Son dificíles de conseguir, puesto que el desafío se hace a la carrera, hasta alcanzar al prófugo.




En verdad os digo que la piedra del venado es singularmente útil y muy necesaria…porque, llevandola en el bolsillo, no hay pareja ninguna de la guardia nacional que sea capaz de alcanzarlo a uno…







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