Un cuento de ánimas aparecidas.




Pues estaban los primos de siempre el Betío y la Lichita, en la casa del tío Cayo,

(tío del Betío pero tata de la Lichita), aburridos porque al cielo se le había ocurrido

estar “echando” agua todo el día, y no habían podido ir al potrero, a bajar mangos,naranjas y jocotes,

a pegarles carrera a los cuches del vecino, en fin todas aquellas actividades necesarias

para que según ellos el mundo siguiera girando.

Al fin el cielo tuvo la espectacular idea de cerrar el chorro y en un dos por tres dejó de llover.

Entonces pudieron salir los cipotes, a salir iban cuando el tío Cayo les dijo: -Esperense, mucha niebla hay,

-“Nuay” problema tío, aquí “yevo” yo una candela de las de a diez “jentavos”- dijo el betío-para alumbrarnos si se espesa la niebla.

-“Ta” bien-dijo entonces el tío Cayo.

Y se fueron sin rumbo fijo, la Lichita no iba pensando en nada, cuando el Betío se detuvo y dijo

-Licha y en este lado del camino que “nues” “onde” mi tío Cayo dijo “quiantes” aparecía un alma en pena.

-Sí, pero dicen que vino un padre, a levantar al espirítu y “dendentonces” ya “nuay” nada…

Casi al segundo al Betío se le ocurrió una genial idea

-Mira vos y si volviera aparecer?

-Ah, …no ya no sale

-Pero puede salir…

-¿Qué decís?

-“Perate”- , y el Betío se puso la mano en la bolsa del pantalón palpando la candelita, y la cajita de fosfóros que andaba.

-“Je” me acaba de ocurrir algo, “venite”- y hay fue la Lichita detrás de el. Se metieron al terreno de Don Eulalio Campos, entonces el Betío le di{o vuelta a un tronco podrido que por allá fue a caer… empezó a agarrar a unas de esas cucarachas, grandotas y carapachudas que andan en el monte, agarro como quince pues el betío era un as para atrapar alimañas.

-¿Y para que las querés?

-Ya vas a ver…mira agarrame esta- le dijo dandole una de las gigantescas cucas

va pues-dijo la Lichita y tomó a la cuca en sus manos, entonces el Betío sacó la candela y empezó a partirla, hasta hacer 15 pedacitos, su plan era ponerles un fragmento de la vela en el lomo a las cucarachas, y soltarlas en el camino, a ver que pasaba.

Después de un rato ya le habían puesto la encendida carga a todas las cucarachas y las dejaron ir en el camino.

Ahí fue entonces cuando apareció el Chicho Morales, que venía de chapodar, y de conseguir leña para la casa.

Como es natural, sus meditaciones fueron interrumpidas por una fila de lucecitas que aparecía de entre la niebla, que por estar tan espesa ocultó muy bien a los insectos, ante tales novedades a Chicho Morales sólo se le ocurrió decir:

-Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre… Efectivamente a Chicho Morales no le quedó más remedio que arrodillarse y rezarle al altisímo como quinientos padres nuestros para que aquella auténtica ánima aparecida no lo jugara y se lo llevara al otro lado. Rezaba con una gutural voz de desesperación, y un sudor frío empezaba a bajarle de las sienes mientras las lucecitas se movían de un lado a otro.

A todo esto el Betío y la Lichita se morían de la risa detrás del matorral, contemplando su obra, de repente empezó a pringar y salieron en carrera para la casa del tío Cayo, como si no hubieran hecho absolutamente nada.

Ya cuando las lucecitas desaparecieron, por la llovizna, a Chicho Morales le volvió el alma al cuerpo, afianzó la leña a la espalda y continuó el camino, callado queriendo olvidar o comprender lo que acababa de vivir, al llegar le dijo a su mujer

-Loncha, “ai” que “trer” al padre otra vez…ya sale otra anima aparecida…

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Pues aquí una de varias historias que publicaré en mi blog, espero les gusten y se animen a comentar.


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